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martes, 7 de febrero de 2017

Entre nísperos



Entre los nísperos estuve, pero no te vi entre ellos.
No pude oírte, no estabas hablando.
Había silencio, había calma siempre aparente,
Entre los nísperos en los que estuve,
Y donde, entre ellos, no te vi
Ni pude tocar tu aura color turba.

Allí, entre ciclos de vida, estuve.
Y a lo lejos, la tierra se movía,
Era el polvo que delataba
Tus pasos en tierra sedienta.
No te vi entre ellos, ya no te vi
Y lloré entre los nísperos tu ausencia.

domingo, 7 de agosto de 2016

Oda en altamar

Originalmente escrito para un personaje.

De I. para C.

No hay otro arrullo que tu aliento,
para una noche que no duerme.
Cuida todo debajo suyo,
la guardiana de los mortales.
Pero ahora te estoy mirando.
Y la noche no es suficiente
para custodiar tu reposo.

Será acaso que invocamos,
entre tanta humedad,
un fuego inalienable.
El barco entero arderá
para alumbrar la oscuridad,
en un mar sin Luna alguna,
que nos cruce, envidiosa.

Ya tus manos me besan fuerte,
en mi piel, que quiere ser labios.
Dulces naranjos, agrios serán
al lado de esta rendición,
más dulce que un ocaso
visto a través de tus ojos
mientras te veo volar hacia él.

La oscuridad no mengua
y la usamos como guarida.
Que la luz no nos delate
y las paredes, enmohecidas,
sean un confesionario.
A todo lo incontenible
nos queda sólo librarlo de nos.

Ha sido noche de voracidad
Adorada sirena, yaces durmiente.
Y te dibujo con palabras,
puesto que no existe aún
boceto u obra maestra
que te haga justicia.
Sólo tengo palabras, todas para ti.

¡Quién pudiera ver tus sueños!
Ojalá lograra adentrarme
y no perderte, ni dormido ni despierto.
Pero entre arrugadas sábanas
y parcialmente cubierta,
se arropa tu cuerpo arraigado.
Y tu rostro, calmo, me invita a tu lado.

No lamento esto.

Una mezcla alquímica de pesares y goces que reflotan en el estómago y lo bailar.
La incertudumbre es un parque sin niños.
Te dejé mi piel para un tabardo, no la uses como franela en los muebles de otro.
Nadie añora como yo en invierno:
fabrico nieve, deshojo lo último, muero en Setiembre.
Entonces te veo atraesada por rutas. Desnuda, abarrotada de vida y llanto.
¿Qué te sirve de mí que quieras, en realidad?
Pasa la primavera, vas en el fuego y yo ya hecho cenizas.
Y el verano te trae otro Sol. Al alba te veo.

¿Desnuda?

Te quiero llorar y no puedo.
Hacer de cuenta que caí de tu gracia.
Pasar el tiempo llorando que no te soy suficiente.
Pero no puedo llorar, no puedo rendirme.
El umbral ha sido marcado altísimo.
Y si creés que sufrir es el mal, no querrás anidar en mi cabeza.
En realidad ni yo quiero que lo hagas,
no serías más que el paroxismo encarnado.
Y un alto horno levantaría menos temperatura.

viernes, 29 de julio de 2016

Jade.

Ya no aparece su figura de jade.
Antes la buscaba, la añoraba. Preguntaba tanto por ella.
Quizá fuera que se la llevó. Se la regaló al viento.

A veces la extraño.
Después recuerdo y vuelvo a mí.
A mis soldaditos de plomo.
Para ya no precisar suerte.
Sé que no necesito su figura de jade.
Pero, por todo ¡qué hermoso fue tenerla!

martes, 19 de julio de 2016

Sin título

 Hallado en un papel de fiambre.



¿Por qué extraño lo jamás cristalizado?
Vas y venís ¿cómo no te cansás nunca?
 Querer la nada y evocar el éter.
Sí, extraño tu presencia sin pasado.
Acercate y moldeemos una utopía,
sin más arcilla que las letras.

Carne o Hiel.

Hoy la noche es mi enemiga.
Por primera vez, me quiere ver muerto.
La combato, fútilmente.
La noche ha ganado sin espadas.

Ella no me trae noticias tuyas.
Si es que has desnudado una rosa.
Si es que descubriste el oro en un moro.

Ella no dice nada, su silencio es una flecha.
Si sacrifiaste una torre o una reina.
Si has cenado carne o hiel.

Ella no indica nada, es gélida como un témpano.
Más fría que la piel lejos del fogón.
Fría como un alma entre los pasillos.

Ella se está yendo y se va contigo.
Y si volverás impar o par.
Y si suspirarás como siempre o de otra forma.

Ella no me alertará, ya se va.
Se va con mis manos y ya no toco.
Se va con mi cabeza y ya no razono.

Ella me deja solo, escribiendo con mis pies.
Y si retornarás indemne o pertrbada;
o si ya no habrá más de ti para mi vigilia;
La noche no dirá nada, me quiere ver muerto.

Lo aprendido

 Para Alura.


Aposté a que sabía algo de vos, habiéndome preguntado si en efecto lo sabía.
¿Qué puedo saber, además de lo que leo, lo que veo entre la niebla?
 Ya que insisto, ya que me gusta insistir, me planteo escribir qué sé de vos, qué pude ver, qué intuyo, de qué tengo certezas.
 Así va a ser, sin demasiados adornos, toda la prosa que puedas masticar, porque es así como preferís las cosas: lineales. Aun con prosa, vas a perdonar deslices propios de quien no puede evitar armar ramos de flores con letras.
 Sé de tu frío, imposible de aplacar, durante los inviernos en el pueblo; sé de tu veneración a cualquier pizza y a las fotografías de éstas.
 Conozco tu miedo patológico a estar sola, con el que es difícil lidiar; esto último me hace dudar de si te conocés y te querés en soledad.
 Sé muy poco de tu parentela y de tu premura por haberte ido del nido.
 Conozco ese vacío angustiante que sentís ante la sola idea de sufrir.
 Sé que sabés, justamente, de sufrir desamores; se hace entendible no querer más de eso, te diré.
Sé o conozco acerca de aquel imbécil que te dejó sin raíces;
de aquel palurdo de futuro inmediato, de pasares ciertos y pesares que no quiero saber.
 Intuyo tus inseguridades, que son las del mundo.
 Sé de tus distintivos, anillos en unas manos cuyas uñas se pintan del color del humor de su dueña; sé hasta de un lunar del que más tarde te cuento.
 Conozco la curvatura de tu pelo, ondeando como estandarte en el otoño, que te distingue entre cualquier bandera.
 Tu afán de protección, en la vida y en el juego, que es lo que hace de la vida una reliquia.
 Tu insanía a la madrugada.
 Tu desdén por la esperanza, aun aferrándote hipócritamente a ella.
 Tu desinterés por el amor, al que esperás llegar intentando, mientras no estés fuera del área de cobertura.
 Tu romanticismo empedernido, en blanco y negro y, sólo a veces, en sepia.
 Ese devaneo de sesos tuyo, que te deja exhausta.

 Y con todo lo que sé e intuyo, no hago otra cosa que pensarte, esperando materializarte.
 Con esperanzas, por supuesto, pero sin la expectativa que me impedía dormir.