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sábado, 30 de abril de 2011

El bosque de gris.

Tengo manos con dedos de hojas, besos que son nubes.
El abrazo del pasto que me brinda la memoria. .

Tengo el árbol y el agua, para jugar a ser niño.
Un bosque cerebral y el Sol que lo germina.

Tengo la amistad de la tierra hecha barro.
Y animales grises trepados a mí, para jugar a ser humanos.

miércoles, 27 de abril de 2011

Qué sediento y triste se puede sentir uno al confundir sal con azúcar.

Besos de estaño


Ojalá que tomes la arena una vez más.
Mezclarte conmigo entre vidrio, una vez más
y dejarle a la noche tus besos de estaño,
para jugar con el viento y ser escultora de un sueño,
que sueño todas las noches.

lunes, 25 de abril de 2011

La palabra.

La palabra como capitalización de la angustia del hombre
                     para poder enfrentarla.
La palabra como medio para desviar el deseo,
                      para después utilizarlo mediocremente.
La palabra como bálsamo en las noches de movimientos,
                      los cuales hacen temblar los cimientos del alma.
La palabra como enemigo acérrimo del silencio,
                      que hace desesperar al hombre a fuerza de la nada.

domingo, 24 de abril de 2011

Desvarío de fuego.

Una noche es más inolvidable cuanto más frío es su entorno.Existen fuegos interminables que yacen en las calles, que ruedan sobre camas rosas con pliegues. Fuegos que son naturalmente hipnotizantes. Hay una fascinación carmín que hace peligrar las manos y la boca de uno. El ardor pierde contra el pulso y todo se seca, se convierte en desierto en donde naufraga el deseo.

Desvarío aéreo.

El alma se hizo añicos y las ventanas la saludaron. Hoy aprendió que el viento quiere jugar con ella. Y tratando de ponerse en su lugar, pensó que ha de ser desesperante poder sentir al mundo y no recibir afecto alguno.

Desahogos durmientes.

¿Qué hay más desastrozo, que tener caminar habiendo sido asesinado?
 
Es una noche desesperada por ver salir al Sol.
Aparece el sonido y la sinfonía toma el color del tiempo.

viernes, 22 de abril de 2011

Súcubo.

                           Me abrazaron con manos de algodón y después me fui.
                      Aparezco ahora en la puerta de las nubes y allí la veo, yuxtapuesta.
                 Es perfecta ninfa, de labios rojos, ojos grandes y dientes afilados.
               Sus manos exigen, su cuerpo busca demolerme irremediablemente
                 No tiene más colores que los de ella, quiere dibujar y matarnos.
                       Me acerco y emana flores. Si paro me absorbe, entonces me acerco.
                           A escasa distancia, echo raíces y el crimen yace en tono rojo.
                       Hay mucho rojo en ambos, mucha brutalidad de cuerpos.
                  La mente había muerto desde que mis ojos eran suyos.
                De pronto, un empujón y mi cerrazón. Me olvido de olvidar.
    

             El algodón ya no me quiere y yo me desprendo queriéndola.

jueves, 21 de abril de 2011

Fuera de la jaula.

Me voy de la jaula por unos instantes. El amo la dejó abierta a propósito.
El viento me ayuda a emprender la subida, soy un pájaro con alas cuidadas pero con el alma vieja.
Me acerco paulatinamente hasta los árboles. No me detengo en ellos, tengo que aprovechar la benevolencia.
Sigo subiendo, no veo a mis semejantes. No me sorprende mi soledad.
No vuela nadie conmigo desde hace un tiempo, los demás están atorados, encarcelados.
Quizá no se siente lo suficientemente palomas, siendo canarios.
Quizá ya vuelan muy alto como para alcanzarlos; bien podrían bajar o hacerme subir.
Vuelo hasta alcanzar las nubes, las cuales me acarician.como si realmente quisieran hacerlo.
Es un regocijo encontrar al hombre hecho insecto. Casi no percibo amos potenciales. Tampoco lo quisiera.
Canto silenciosamente, como quien cuida que nadie quiera tirar de la cadena.
Continúo volando, pero ahora bajando, las nubes quedaron arriba mío.
Bajo, tengo la jaula cerca. Ya estoy dentro de ella.
El amo no la cerró y no la cerrará. Por eso vuelvo siempre.

miércoles, 20 de abril de 2011

Pretensión.

En definitiva, la razón la he tenido siempre. Si el Sol ofrece sólo un rayo, no puedo obstruirlo y pretender recibir otro.

Jorge y el cilindro.

 El parsimonioso Jorge tenía suficientes motivos para abandonar un tiempo su achicado hogar. Tenía un comedor enorme, tres dormitorios y hasta dos baños. Y sentía, sin embargo, los zócalos agarrándole los talones. No pudo aguantar más y salió. Vivía solo, únicamente tenía dos plantas, una radio y a los cinco miembros de su familia.
 No deseaba nada más que su ropa amortiguadora para combatir el frío. Para salir llevó pantalones azules, una remera negra desgastada sin etiquetas ni expresiones y su campera milenaria negra. Generaciones de él mismo han usado esa última prenda de algodón. Aquella milenaria campera negra lo era todo, aunque parecía no tener nada. Había sido impregnado por sensaciones dignas de ser rememoradas con cada respiro. Sentía Jorge, que podía vestirse únicamente con su memoria cuando se ponía su campera.
 Le gustaba la noche, a Jorge. No era un hombre cuya naturaleza sea lúdica, visceral o impulsiva. La noche, según contaba a su hermano, es anestesia para el cuerpo y la mente, es el tiempo de introspectiva perfecto, porque el Sol tiende a nublar el pensamiento.
 Con sus prendas a cuestas, salió de la casa y largó a caminar. Mientras caminaba, sus piernas parecían tomar aire y elevarse más de lo permitido. Después del ascenso, caían al piso como plomo en el agua. Sentía altibajos espeluznantes. Sentía que podía llorar y reir en diferido, porque pensar en pensar en nada más le traía a la depresión más auténtica, pero lo auténtico lo llevaba a la felicidad y a la risa. En un momento podía largarse a correr con una velocidad adrenalínica; en otro, tenía la sensación de estar clavado al piso. Pero nada lo amedrentaba lo suficiente para detenerse. Estaba decidido, como quien va a definir su posición en el mundo.
 Seguía caminando, observando, observándose. Sus pasos parecían tener fines científicos. Encontraba en la calle similitudes con su vida. Era él una "multiplicidad de yoes" que caminaban con él, que se detenían con él, que pensaban con él, pero no como él. Miraba a los transeuntes como pequeños, adultos y ancianos que vivían en él. Eran él. Jorge sentía todo y sentía que era todo. Los negocios vendían alimentos, muebles, mascotas y enseres varios. Se veía reflejado en muchos alimentos, desgarrado y vendido en partes; se ponía en el lugar de los animales entre rejas; podía sentir su cuerpo volverse madera y mimbre. Pero si bajaba la vista, veía vidrio.
 Conforme seguía avanzando, notó que se acercaba a una construcción curiosa, jamás vista en su vecindario. Tenía una forma cilíndrica, por lo poco que podía apreciar. Tenía un color grisáceo oscuro, que se aclararía al acercarse más. Se encontraba muy cerca, cada paso que daba Jorge lo acercaba más de lo que quisiera. El quería caminar para pensar, pero se encontró con que el cilindro gris lo obligaba a pensar en caminar hacia él. Era insólito, como lo es un beso a una tapia.
 Ya frente a él, pocos metros separaban a su existencia del cilindro. No tenía signos de ser una edificación convencional. No estaba construida en bloques. Parecía una placa de metal enrollada. El cilindro tenía el largo de tres hombres.
 Jorge tenía miedo. Y no hubiera continuado observando la construcción, pero vislumbró una puerta ancha, del mismo color que las paredes del cilindro, quizá por esto casi no pudo distinguirla. Tenía una apariencia islámica, con un marco ancho. Se acercó impetuoso, su campera despedía un aroma entrañable, idílico. Lo ayudó a tomar fuerzas. Llegó a la puerta y trató de abrirla, pero no logró abrirla. Quizá por instinto sacó sus llaves del bolsillo para abrir la puerta. Logró, para su sorpresa, abrirla. Estaba ensimismado, no queriendo estar ahí, pero tenía su campera consigo. De pronto una voz familiar lo saludó. El le devolvió el saludo. Los zócalos volvieron a tomarle los talones.

Promesa de noche.

Quizá debería dejar de escribir sobre la luna. Podría también dejar de escribir. Tendrían ambas medidas el mismo resultado y el mismo efecto en mí.
Mejor ya no debería ser devoto de la luna. Ya no debería vivir en torno a sus piedras y a su brillo, ni cantarle débilmente para que vacile y duerma con mis hombros.
¿Y si ya no le lanzara dardos para recibir monedas de color rojo pálido?
¿Recibiría, si no fuera devoto de la luna, la limosna que representa su aroma cálido y preciso?
Ciertamente, podría ya no cruzar el mar por asir sus botones. Podría hasta transformarla en Sol y refugiarme en mis cortinas, para no ser nunca más encandilado.
¿Y si ya no estuviera conmigo día y noche?¿Y si sólo estuviera donde realmente está?
No me sirve olvidar. Hay temor en mí de que el día ya no se torne de color azul.
Si no hay azul, no hay fiebre. Y si no hay fiebre, no hay instinto.

Brazos.

Todo lo que veo es una luna que me llama a dormir en brazos que me repelen. Misma luna que planta clavos en mis dedos y mina mi esquema. Las letras sangran por mí y yo lloro por ellas.

martes, 19 de abril de 2011

Desvanecerse

Y el sueño pierde imagen...
Primero se van los ojos, se pierden en el brillo de una luna muy llena y escondida.
Se va la nariz, se transforma en un objeto similar a una silla.
Caminan al ostracismo las orejas, demasiado poco adoradas como para ser recordadas.
Bajan las mejillas hasta la tierra, baja la frente con ellas.
Se queda todavía la boca, proeza de la ingeniería materna... o tal vez de la paterna, aunque sólo haya hecho la inversión.
Las texturas se guardan permanentemente. El marco se perderá sin mantenerlo.

Cristal carmín.

Durante la noche me niego a olvidar, porque el día tratará de seducirme para ser una alfombra. Bajé de mi lugar de sujeto: soy, a estas alturas, un predicado de otra subjetividad. Con la paciencia del galeno, me dedico a analizar la soledad y cristalizar la angustia, mezclándola con vidrio, para obtener un vidrio opaco color carmín, con el cual mi habitación podrá refractar a su propio gusto todo lo que entre.
Me sería más fácil obrar con otro par de manos que no sean cómplices, así el vidrio saldría óptimo. Pero lo difícil de estar muerto en secreto es que sólo el verdugo sabe que he muerto. Ya en el otro lado, no importa si hay más víctimas. Estoy solo. No hay gremio de solitarios para compartir el dolor de haber sido decapitado.

La moneda

Es angustia inexorable.
Es ardor y deseo, es rapto y llanto.
Es júbilo y caricia, abrazo y tormenta.
Es revolución, es pulso extendido.
Es nostalgia, es urgencia.
Es carne, es arena muerta en el piso.
Es bestialidad, es ataque animal.
Es desborde, locura y frenesí.
Es morfina y agujas en la garganta.

domingo, 17 de abril de 2011

Desvarío alado.

El pájaro era espectador del entorno, del árbol, del nido, de las hienas y la lluvia.

Imágenes.

sábado, 16 de abril de 2011

Desvarío

Ojalá una ballena haga flotar al barco, porque los remaches han fallado.

Un ridículo que baila.

Hay un hombre que mueve las piernas con una gracia similar a la de una pluma mojada. Es probable que jamás vuele. Hace piruetas que terminarían en una tragedia de no ser por la falta de ángulos a su alrededor.

Lista fútil.

1 - Duermo para no soñar porque si sueño, imploro.
2 - Al deseo reprimo para que muera en el intento.
3 - El anterior mandato murió en el intento.
4 - Me detengo a la intemperie siempre que me garantice un beso.
5 - El aire es un usurero. Estoy en trámites para dejar de pedirle prestado.
6 - El dolor es el causante del milagro y del error.
7 - Las ruedas llegan al terminarse el abrazo. Nunca llegan antes.
8 - Soy temporal, por lo que habrá al menos una noche inolvidable
9 - Jamás hay que ver a la luna sin estar inspirado.
10 - Organizar la mente es un trabajo que requiere locura.
11 - Roer es necesario durante la medianoche en compañía
12 - Ignoro el motivo por el que existe el Sol, sólo me limito a besarle sin mirar.
13 - Ganar es sinónimo de perder, cuando se gana en soledad.

El asedio.

Esta noche la soledad ataca en manada..
Con su ejército a cuestas, aparece  brillante.
Su cabello se hace papel y sus piernas, azúcar.
Asedia mi ciudad y consume mis despojos
acompañada de desertores.

Y más tarde, la soledad me ha dejado solo.
Desvanecida, me ha dejado sin rastro del acero.
Se hizo apócope de erradicación.
Bebió de mi acuario hasta robármelo.

No volvió más a mi ciudad.
Sólo tengo el humo y el vidrio.
El agua y el acuario.

Juego de la luna

Una jornada de luna plena dio al espejo un matiz furioso. Al verme, vi al más apagado ser humano, traficante de dolores y de pedazos de su propia alma. Escogí unos dados para esta noche, sabiendo que siempre voy a perder mientras juegue con el tiempo. Siempre presente para que la luna pueda dilapidarme, también atrajo al Sol, para que la luna se encandile, pierda estatura y caiga, al final.

viernes, 15 de abril de 2011

Innoblezas.

En las manos, la seda durmiente. Derrumbando el muro, la realidad hace trizas al muro.. El olor hace trizas al muro.

Baja el águila y pone su mirada en la perla. Sólo ve a su objetivo, sólo quiere arrebatarla de la playa. La humareda y el rocío lo animan.

Mi alma no está ya en mi cuerpo. A la noche recorre las calles para encontrar atolondradamente una razón para no volver. En el día vuelve para acurrucarse en la frustración.

jueves, 14 de abril de 2011

Reflexión antídoto.

La sedición de la mente se hace carne. Produce el estallido de la memoria, la revolución del inconsciente. La palabra es el ladrillo que se mece sobre el cemento.

Analizar la locura para presentársela a su causante, es entregarle una bala de plata para eliminarla junto a su huésped.

El amor deja verse para que su color sea el afán del carmín.

Los dedos que se estrellan para crear tienen un encanto tal que alcanzan la gloria y caen en el olvido al descansar.

Mi poder de comprensión se ha visto anulado y, por eso, soy un insurgente, peleando contra mi propia tiranía heredada.

Vale la pena recordar que estoy entre sombras. No habría luz sin oscuridad.

La perfección es el motor de la imaginación. Entonces, ya veo por qué imagino su silueta.

Con el dolor encadenado al cuervo, se es un esclavo de alto vuelo. Con un cuervo encadenado al dolor, se es sólo esclavo.

viernes, 8 de abril de 2011

Lo mediocre hecho palabra.

Antes de salir, afinaré mis guitarras y las estrujaré hasta el hartazgo. Le daré mi música a al baile de los otros, para no bailarla, apenas escucharla. Y los restantes ausentes en esta sala serán testigos de que para salir, hay que romper las puertas con el cuerpo.

miércoles, 6 de abril de 2011

Ave lejana.

En el árbol se encontraba el pájaro, picoteando sus plumas por nada. Por el calor impregnado en el aire había decidido detenerse a esperar el viento.Una brisa tocó sus alas y, una vez encontradas con el viento, se lanzaron ambas al amor. La arena mermó a la par del pájaro. Su pecho se contoneaba, su lomo relucía y vibraba. Era del color del café y el viento movía sus plumas, que brillaban hasta tornarse blancas.

martes, 5 de abril de 2011

La noche libre.

La noche fabrica en mí movimientos espásticos de júbilo. Es una zona libre de prejuicios, donde la oscuridad real , cruda y rebelde reemplaza a la luz del ente que busca ser iluminado mediante una luz que lo deja al descubierto. Ya, inmiscuido en la noche, me es posible descuartizarme, conocerme. No hay nada que me haga visible, más que para mí. Puedo armar y desarmar pensamientos, ponerlos a prueba, catalogarlos y guardarlos a todos.
Me mimetizo con la oscuridad, me permito saltar al futuro, recular en torno al pasado y volver hacia el presente. Todos se van y vuelven. Todos van. Todos quedan. Todos siguen.

Sinsentidos

Cúmulos, patrias, montes, pastos.
Montes, sombras, puentes, cárceles.
Esculturas, muebles, hospitales, huellas.

Presente.

No se presentó, esta tarde, buscando quedarse en mis ojos. Más bien, quiso desde el principio, ser transición. Lo comprobé al buscar mis fragmentos en el suelo, mezclados entre vidrio y arena. La observé llegando para frustrarme a drede.

Llegó, me encontró y tomó el vidrio por mí.