Páginas

miércoles, 20 de abril de 2011

Promesa de noche.

Quizá debería dejar de escribir sobre la luna. Podría también dejar de escribir. Tendrían ambas medidas el mismo resultado y el mismo efecto en mí.
Mejor ya no debería ser devoto de la luna. Ya no debería vivir en torno a sus piedras y a su brillo, ni cantarle débilmente para que vacile y duerma con mis hombros.
¿Y si ya no le lanzara dardos para recibir monedas de color rojo pálido?
¿Recibiría, si no fuera devoto de la luna, la limosna que representa su aroma cálido y preciso?
Ciertamente, podría ya no cruzar el mar por asir sus botones. Podría hasta transformarla en Sol y refugiarme en mis cortinas, para no ser nunca más encandilado.
¿Y si ya no estuviera conmigo día y noche?¿Y si sólo estuviera donde realmente está?
No me sirve olvidar. Hay temor en mí de que el día ya no se torne de color azul.
Si no hay azul, no hay fiebre. Y si no hay fiebre, no hay instinto.

No hay comentarios: