Páginas

sábado, 14 de mayo de 2011

Algún extrañar abstracto.

Caminando por la Avenida, me encontré con Jorge, viejo niño, infatigable harapiento, un milenario enemigo del tiempo. Me comentó sus innumerables peripecias mentales. El es un ermitaño cosmopolita, siempre armando visitas guiadas por él y para él, en su habitación. Desde que lo conozco ha vivido toda su vida tratando de sobrellevar los años que lleva respirando. "No me arrojaron a la vida: directamente dejaron que la vida me atrapara y echara a volar conmigo a cuestas", me dijo alguna vez. No hubo (ni habrá, pareciera) manera de hacer que se suba al lomo de la vida.
Lo noté cabizbajo. Al momento de mirarme, parecía que podía mirar a través de mí, a través de todo. Así me pude dar cuenta, mientras platicábamos, de que por mucho que mirara, no veía nada. Le pregunté qué lo había puesto tan melancólico, qué hizo de su vida, qué fue de su musa. Se limitó a contestar sobre ella, a su criterio porque sólo la musa lo podía hacer  sentir fragmentado, pero hacer sentir al fin.
"El tiempo ha estado castigando y condenando a la nebulosa, a aquella estatua de cuarzo en la que se vislumbraba la figura solitaria, otrora impertérrita, de la musa. A uno lo frustra empezar a olvidar a quién se extraña, a qué partes del quién. Pero es aún peor extrañar a quien no tiene rostro. Porque, en definitiva, no hay fotografía que se resista a que las agujas la horaden.
No estoy en condiciones de extrañar partes de su cuerpo. Sí lo hice no tengo dudas de ello. Mas es otro el objeto de la nostalgia: el querer sentir una vez más su carne atada a su ropa, su presencia fusionada por un siempre escaso tiempo a la mía. Y doy por sentado de que si así fuera, si pudiera volver a percibir su alma en mis inmediaciones, sería tan milagroso como cuando sucedió por primera vez.
No hay preocupación en mí. Resignarse no implica preocuparse, todo lo contrario. Es, no obstante, desesperante haber olvidado el rostro de la soledad y precisar salir de ella para recordarla. Lamento profundamente haber sido un fantasma entrañable, una caricatura para ella. Pero me llevé su boca y su cintura, tiene que pedírmelas si quiere volver a ser querida".

No hay comentarios: