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martes, 5 de junio de 2012

Masoquisto Manifista

"Nunca hagas juramentos", me hiciste jurar. Hoy quiebro una parte más de la historia personal de este universo. Esta noche ya no me llama a vivir. Sólo me habla de vivir, sin mostrar ni siquiera un panfleto.

O una brújula, hecha con agujas para zurcir las ilusiones que se vayan desprendiendo de mi camisa. Son como botones del ser. Botones del ser para ser más atractivo a la vista de una flor, sea rosa, sea margarita, incluso un clavel.

¡¡Pará el reloj, que van a dar las doce y no terminé el día todavía!! Quiero que este día no llegue a su fin, porque si todo es relativo, puedo pretender que Dalí tenga razón. Y si no es así, entonces será mejor despertarme de noche, todas las noches de todos los días.

Con los residuos de vidas ajenas, me podría haber hecho un pantalón con los colores del mundo. Pero no me diste una aguja. Una mísera aguja de latón. O siquiera un puñado de arena para, al menos, poder simular ejercer poder sobre ella. ¿Dinero? No compra nada más que dinero. Yo quería una aguja.

Me vuelvo al sur, bien abajo, en el culo del mundo, que es el lugar del que no tendría que haberme ido en primer lugar. Porque en donde se permanece parsimonioso y con parientes, ése es el sitio en donde nadie puede asediarte con tus complejos y traumas personales. Ese, mi querida ventana, es mi hogar.

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