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jueves, 9 de octubre de 2014

Punta a punta

Abrime otra vez, desde la frente hasta el talón izquierdo.
Siempre el izquierdo porque no hay otra forma de concebir mi existencia.
Y encerrame para ya no ver más que las paredes de colores chillones.
Deseo ser distraído por tu arte.
Anhelo ser instruído por tu voluntad tan diligente.
Pero todo esto si es que no sos un holograma.
De otra forma, despidámonos de día y sin gris,
porque con penumbras o con tormentas nadie puede irse.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Sin título

En particular, parece que ya pasaron más de ocho estaciones, todas ellas con características distintas. Una lluvia sin agua, vientos huracanados, una tundra helada. Erupciones volcánicas. Calor húmedo, frío cortante, algunas ventiscas a la madrugada, tornados débiles que sacudieron las noches. Todo eso en este microclima que ocupa un metro setenta, quizás un poco menos si el orgullo cede, de alto y una masa no calculada, por falta de conocimientos en la materia.

Ya no voy a volar

Ya no quiero volar. Sólo quiero contemplar tus manos y escuchar tu canto con furia amedrentada. Ya no quiero volar. Observar los veleros perderse más allá del muelle, que nos dejan a la merced de las bestias. Y así, sin querer volar, dejarme adormecer por la brisa que captura la playa. Solos, tu canto, tus manos y las alas que dejé lejos de mí.

Veo. Algunos pájaros juegan a la mancha encima nuestro. Son los hijos bastardos de nuestros sueños desprendidos, ya no nuestros, sino del mundo. Apenas tus ojos los ven, ellos vuelan con más energía, vigorosos, buscan captar tu atención. Y tu rostro se transforma al verlos felices. Es como si te elevaras con ellos, como si batieras tus brazos rojos al encuentro de ellas, las musas hechas aves.

Me sumerjo en el agua. Es azul, agua que desea ser aprehendida. Y te veo en los corales, reluciendo los colores que te brinda el fondo del mar.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

El silencio aturde.

El silencio aturde. Los amantes del sonido buscamos la armonía en éste porque no existe en otro lugar. El ruido urbano desespera, la gritería exaspera y las palabras terminan aburriendo. Y el silencio aturde. Las conciencias marchitas no logran descansar en el silencio, sino todo lo contrario.
El silencio es la revolución de la angustia, agudiza todo remordimiento, dilata la ansiedad y agiliza la memoria para acallar a tanta nulidad sonora. A veces siento que se necesita mucha inocencia para vivir en silencio. Sólo con inocencia se puede dormir en silencio. Incluso la ignorancia se incomoda con el silencio. Todo lo que tenga una arista peligrosa para el alma siente molesto, extraño y doloroso al silencio.
Es así que les deseo que, si van a ser silencio, sean siempre el silencio más honesto. De otra forma, nunca sean silencio.