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miércoles, 1 de octubre de 2014

Ya no voy a volar

Ya no quiero volar. Sólo quiero contemplar tus manos y escuchar tu canto con furia amedrentada. Ya no quiero volar. Observar los veleros perderse más allá del muelle, que nos dejan a la merced de las bestias. Y así, sin querer volar, dejarme adormecer por la brisa que captura la playa. Solos, tu canto, tus manos y las alas que dejé lejos de mí.

Veo. Algunos pájaros juegan a la mancha encima nuestro. Son los hijos bastardos de nuestros sueños desprendidos, ya no nuestros, sino del mundo. Apenas tus ojos los ven, ellos vuelan con más energía, vigorosos, buscan captar tu atención. Y tu rostro se transforma al verlos felices. Es como si te elevaras con ellos, como si batieras tus brazos rojos al encuentro de ellas, las musas hechas aves.

Me sumerjo en el agua. Es azul, agua que desea ser aprehendida. Y te veo en los corales, reluciendo los colores que te brinda el fondo del mar.

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