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lunes, 23 de marzo de 2015

Lo que el viento no se llevó

Soy actualmente un laburante, pero que fui un enfermo de los jueguitos por navegador durante mucho tiempo. Incluso ahora sigo jugando, pero por razones prácticas dejé casi todo lo que me generaba placer. ¿Placer vacío? ¿supérfluo? Hoy se usa una palabra compuesta "¿Cortoplacista?" En definitiva, pasar tiempo en juegos de navegador, una rama de la cibernáutica, me daba un placer que ya hoy no experimento. Los jugaba por necesidad, dado que no era un tipo extrovertido, sino uno callado y ensimismado cuando tenía que hablar personalmente. Y lo sigo siendo. Hasta llegué a cuestionarme a mí mismo si tengo algún grado de disfunción mental que me impide tener una conversación normal con alguien: en mi herencia genética bien lo pude haber tomado del lado paterno. Me permito usar un superlativo: tengo poquísimo conocimiento de muchas cosas que son básicas para cualquier diálogo en sociedad, a saber, deportes, política (sobre todo en una época en la que mi ciudad está dividida en cuanto a debates políticos), el clima;  las calles, lugares para ir a comer, lugares lindos para ir a visitar, todas esas ubicaciones que yo no conozco porque no me gusta salir. Y como nunca me gustó salir del tugurio que es mi habitación, no conocí muchos lugares. Entonces no callo porque no quiera decir lo que sé, sino que callo porque no tengo nada para decir al respecto.
 Volviendo, los jueguitos de navegador han sido una fuente de goce para mí. No puedo ser ingrato y decir solamente que los jugaba por necesidad. Fueron también un apoyo en mi momentos de desempleo y frustración, en tiempos en los que no tenía trabajo y había fracasado por completo en la búsqueda de una vocación que actualmente no encuentro. Más fichas a la necesidad, podría decir. Pero la realidad es que la pasaba genial jugando a esos juegos. Les voy a hacer prensa como para contar los (bastantes) juegos en los que metí mano: eRepublik, Simcracy, Ogame, Gladiatus, Bitefight, Ikariam, ceasarsarena, megamagnate, Virtual Nations, Cyber Nations, powerplaymanager, hattrick, Nationstates, Simrepublic, Simcountry, el controversialmente infantil Serenia Fantasy, hasta me metí en un proyecto conjunto con quien ahora es mi ex novia y un otrora conocido/amigo/compinchedejuegovirtual (a quienes, a propósito, conocí en eRepublik) que se llamó Similmundo, una especie de simulación de historia universal de corte "elige tu propia aventura".  Y los juegos de cliente... no puedo dejar de nombrarlos, Heroes in the Sky, Dungeons & Dragons, Cabal, Ragnarok, WoW (que no me gustó tanto). Entre este tipo de juegos no puedo dejar de nombrar al Mu Avantasia y Argentina, al Gunz y la página Prysmax, en todos estos lugares conocí gente que actualmente extraño y, más patético todavía, nunca los conocí personalmente, aunque me prometí conocerlos en algún momento.
 Puede decirse que esta cantidad de juegos y jueguitos en los que incursioné, que en realidad son varios más pero cuyos nombres no recuerdo ya, muestran en realidad el tiempo que perdí, en detrimento de mi educación. No hay manera de saber si me habría ido bien en el CBC de medicina de haberme esforzado más.  También es cierto que hoy por hoy estoy convencido de que no es la carrera para mí. El hecho de que una vida literalmente dependa de mí no me agrada -las grandes responsabilidades, como ésta o como regentear un negocio ajeno, me asustan, pero ya es otro tema. Pero el grueso de mis experiencias emocionales, sociales, románticas y de rotopasión (los entendidos sabrán) han sido gracias a los juegos y jueguitos que ahora estoy poniendo sobre el tapete. Me puse de novio por ellos y prefiero haberlo hecho una vez de la forma en que lo hice, que varias veces de formas aburridas y predecibles. O digamos convencionales. Conocí gente a la cual le debo muchas noches de apoyo moral y días de jolgorio y reflexión. Tuve debates de filosofía barata y medio cara en un juego como el Gunz, con un tipo que se apodaba Jackes. En el Mu pude encontrar a una gran pareja, Amy y Jon, con quienes pasamos noches de delirio que nadie más entendía, allá en los bares de Lorencia y Devias. Y en el mismo juego, me es imposible olvidar a Lullaby, a quien me crucé hace ya como seis años en los pastizales de Noria, para bien o para mal no puedo ocultar nada de lo que viví gracias a su existencia, de personas como ella se aprende mucho, a llanto y fuego.
 En estos días ya no juego a nada de lo que jugaba antes. Cada tanto me agarra la nostalgia de cosas vividas y revivo la cuenta de eRepublik o pongo a trabajar a mi gladiador de Gladiatus, pero ya casi nunca. Son cosas que a uno le quedan por tanto vivido ó "cibervivido". El tiempo que no estuve en carne y hueso, estuve fomentando el comunismo en un juego netamenta capitalista y con totales fines de lucro, colonizando planetas ó matando monstruos raros sólo para subir experiencia. Y en el proceso conocí gente que extraño. Y, mal que me pese, voy a seguir extrañando, así que no queda más remedio que cargar la mochila mientras intento vivir, siempre y cuando no sea demasiado tarde y pueda camuflarme en sociedad. Por fortuna, paso desapercibido por hablar poco y sólo parecer idiota.