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domingo, 21 de febrero de 2016

Fragmento, "Cuento sin Nombre"

Amuktra estaba agitada, bulliciosa. La ciudad se hallaba inmersa en un clima bélico como pocas veces.¡A la guerra!, gritaban los jóvenes y los más viejos, de voces fuertes y piernas débiles. -¡Muerte a Nejtar! ¡Viva Olftrum! -exclamaban las mujeres, vitoreando al soberano de Prannar. En las tabernas se oía a los alegres borrachos cantar himnos de guerra. O más bien tararearlos, podría decirse que pocos o ninguno de ellos conocían la guerra de primera mano. Entre toda la algarabía de quienes estaban felices y lejos de los conflictos venideros, un grupo enorme de guerreros marchaba al son de los tambores. Estandartes verdes y negros ondeando entre ellos, sus rostros expresaban resignación, más que alegría, una conjunción irónicamente lógica. -Solamente los que no van a la guerra se alegran por ella -murmuraba un oficial dentro de uno de los grupos que marchaban por las calles amuktrias, cerca de la muralla que rodea la ciudad. Nadie podía oirlo: la gritería parecía querer tapar las objeciones de los soldados, más que alentarlos a batallar por el reino. Miró hacia atrás. Uno de sus hombres estaba mirando hacia abajo, mostrando un desánimo imperdonable.
 -Mirada al frente, Dighán.
 -Sí, Oficial, perdone. -El oficial aletarga su paso y se pone cerca.
 -Los ciudadanos quieren ver su alegría en ustedes. Podrán mostrarse tal y como se sienten luego de estar lejos de Amuktra. Ahoa, alegres, tú y tus compañeros al lado tuyo.
 Los soldados al lado de Dighán dieron cuenta de lo que su oficial en jefe les ordenaba y obedecieron a rajatabla. Impartidas las órdenes, su capitán apresuró la marcha, y se colocó de nuevo al frente de su grupo.

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