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viernes, 15 de julio de 2016

No Habrá Entelequia


Entre todas esas ideas que me abstraen de lo que existe a mi alrededor, allí está mi concepto sobre vos.
Fuiste como una taza a medio llenar en una tarde de llovizna a la espera de vientos disonantes.
Una figura de cristal que duró un poco, hasta convertirse en polvo, una vez más.
Tus palabras fueron veinte mariposas que llenaron un nogal en julio.
Y tu voz, una cimitarra desenvainada en medio de la cruzada.
La felicidad es efímera. Y si se duda, no vale un limón.
Así, la noche nos veía entrelazados; el día nos veía holográficos.
El Sol fue el protector de esa Luna que siempre cumplía.
Una estratega, al mando de estrellas fugaces como torres.
¿Qué sos vos, sino una reina sin casilleros?
¿Qué soy yo, sino un peón en su segundo movimiento?
Entonces, el pasado no se despide nunca.
No habrá entelequia, más que entre mis fantasmas.
Un reinado de condicionales que viven a expensas de mi ánima.
Y tu ser no va a estar en mi memoria; en su lugar guardo nuestra amalgama.
Un relámpago que redunda de efímero.
Y que me es inalienable e inenarrable, como el vacío de estas noches que transito.

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