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domingo, 7 de agosto de 2016

No lamento esto.

Una mezcla alquímica de pesares y goces que reflotan en el estómago.
La incertidumbre es un parque sin niños.
Te dejé mi piel para un tabardo, no la uses como franela en los muebles de otro.
Nadie añora como yo en invierno:
fabrico nieve, deshojo lo último, muero en Setiembre.
Entonces te veo atravesada por rutas. Desnuda, abarrotada de vida y llanto.
¿Qué te sirve de mí que quieras, en realidad?
Pasa la primavera, vas en el fuego y yo ya hecho cenizas.
Y el verano te trae otro Sol. Al alba te veo.

¿Desnuda?

Te quiero llorar y no puedo.
Hacer de cuenta que caí de tu gracia.
Pasar el tiempo llorando que no te soy suficiente.
Pero no puedo llorar, no puedo rendirme.
El umbral ha sido marcado altísimo.
Y si creés que sufrir es el mal, no querrás anidar en mi cabeza.
En realidad ni yo quiero que lo hagas,
no serías más que el paroxismo encarnado.
Y un alto horno levantaría menos temperatura.

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