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domingo, 7 de agosto de 2016

Oda en altamar

Originalmente escrito para un personaje.

De I. para C.

No hay otro arrullo que tu aliento,
para una noche que no duerme.
Cuida todo debajo suyo,
la guardiana de los mortales.
Pero ahora te estoy mirando.
Y la noche no es suficiente
para custodiar tu reposo.

Será acaso que invocamos,
entre tanta humedad,
un fuego inalienable.
El barco entero arderá
para alumbrar la oscuridad,
en un mar sin Luna alguna,
que nos cruce, envidiosa.

Ya tus manos me besan fuerte,
en mi piel, que quiere ser labios.
Dulces naranjos, agrios serán
al lado de esta rendición,
más dulce que un ocaso
visto a través de tus ojos
mientras te veo volar hacia él.

La oscuridad no mengua
y la usamos como guarida.
Que la luz no nos delate
y las paredes, enmohecidas,
sean un confesionario.
A todo lo incontenible
nos queda sólo librarlo de nos.

Ha sido noche de voracidad
Adorada sirena, yaces durmiente.
Y te dibujo con palabras,
puesto que no existe aún
boceto u obra maestra
que te haga justicia.
Sólo tengo palabras, todas para ti.

¡Quién pudiera ver tus sueños!
Ojalá lograra adentrarme
y no perderte, ni dormido ni despierto.
Pero entre arrugadas sábanas
y parcialmente cubierta,
se arropa tu cuerpo arraigado.
Y tu rostro, calmo, me invita a tu lado.

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